Hijos y Defensores de la santa Iglesia católica romana

Hijos y Defensores de la santa Iglesia católica romana

Los miembros de nuestra comunidad, simplemente animados por la devoción hacia la santa Iglesia, están animados a ofrecerse como victimas de amor para su restauración. Con alegria ofrecemos el don de nuestra vida para la conversión de la jerarquía católica: necesitamos urgentemente un santo Papa y obispos fieles.

El proceso sinodal se está activando hoy para destruir los dos pilares más sagrados e importantes de la Iglesia: el sacerdocio y la vida religiosa.

Nuestra Misión nace para oponerse a este ataque de los fuerzas diabólicas. La defensa de nuestro sagrado patrimonio es urgente.

La Virgencita franciscana de Quito no permite la pasividad: "El clero secular será removido de su ideal, porque los sacerdotes se volverán descuidados con sus deberes sagrados... Implorad a Nuestro Padre Celestial que Él acabe con esos amenazantes tiempos y envié a la Iglesia a un Prelado que restaure el espíritu de los sacerdotes."

"El hermano Francisco promete obediencia y reverencia al señor papa Honorio y a sus sucesores canónicamente elegidos y a la Iglesia Romana. Y los otros hermanos estén obligados a obedecer al hermano Francisco y a sus sucesores" (Regla de San Francisco de Asís, cap. 1). "Los hermanos que son súbditos recuerden que, por Dios, negaron sus propias voluntades. Por lo que firmemente les mando que obedezcan a sus ministros en todo lo que al Señor prometieron guardar y no es contrario al alma y a nuestra Regla" (cap. 10)

La santa obediencia está ordenada para la preservación y no para la destrucción del depósito de la fe y de los bienes sobrenaturales confiados a nuestra Santa Madre la Iglesia. Con la energía de los zuavos pontificios y el coraje de los Cristeros queremos reaccionar como valientes hijos y servidores, pronunciando con todas nuestras fuerzas estas invocaciones tomadas de las letanías de los santos:

que te dignes conducirnos a verdadera penitencia, que te dignes regir y gobernar a tu santa Iglesia, que te dignes conservar en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica, que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia, que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles, que te dignes fortalecernos y conservarnos en tu santo servicio

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