Finalidades

Finalidades

Salvación de las almas. La espantosa apostasía y corrupción casi generalizada nos llama a una segunda evangelización de Iberoamérica. Nuestra segunda finalidad es la salvación de las almas por la restauración de una sociedad cristiana sometida al dulce Reinado de Jesucristo y de su Santísima Madre.

Aspiramos humildemente a hacer revivir el ideal franciscano tradicional auténtico que asocia la rectitud doctrinal, con la observancia penitencial, la liturgia tradicional, junto con el don de la abnegación, de la compasión, y de la misericordia. ¡CHARITAS!

La práctica rigurosa y alegre de la muy alta pobreza, tanto material como espiritual, actúa como motor poderoso de irradiación apostólica. En efecto, de nuestra vida interior bañada en el Sagrario, depurado de las manchas y pesos del mundo, brota nuestro celo misionero: anunciar la Verdad, llevando al mundo la luz del Evangelio, conduciendo a los pueblos al pie de los altares del Sacrificio propiciatorio y reparador. Queremos comunicar, por mediación de Nuestra Señora, el Pan de Vida: Jesús-Eucaristía. Particularmente queremos propagar una cruzada de reparación para desagravio de los templos; nosotros nos queremos comprometer a hacer restaurar, frente a la profanación actual de lo más sagrado, el culto puro de la Misa tridentina; queremos predicar la liturgia de siempre, la única digna de Dios y verdadera fuente de santificación. El llamamiento de Nuestro seráfico Padre resuena más fuerte que nunca en los corazones de sus hijos fieles: "Ve y repara mi casa que se derrumba". El amor a la Iglesia lo requiere. Nuestra predicación quiere ser portavoz del mensaje y profecías de la Virgen franciscana del Buen Suceso en Quito (Ecuador).

Estamos muy devotos de la Virgen de Guadalupe (México), quien vino a reinar entre los más pequeños y ser para ellos esa Madre luminosa y amorosa para todo un continente. Queremos ser servidores apasionados e incondicionales de nuestra Reina. Nos unimos a su combate contra el enemigo infernal que Ella inició, y se acentuó en su aparición como la Señora del Buen Suceso, advocación que tomamos como nuestra Patrona especial. Totalmente animados por esta lucha apocalíptica, nuestra vida religiosa será una vida de expiación contra los escándalos y blasfemias hechas contra Dios y su Santísima Madre. El alma franciscana es víctima reparadora, pararrayos de los castigos divinos hasta ahora detenidos. Queremos ser dóciles y compasivos a las peticiones de las apariciones de La Salette, Lourdes, Le Laus, y Fátima. Como niños llevados en los brazos de la Divina Pastorcita Corredentora, queremos imitar al Buen Pastor que busca, en las ruinas de un mundo corrompido y perdido, las ovejas extraviadas para regresarlas al redil.

La compasión por las almas atrapadas por el maligno nos impulsa a trabajar por su conversión. Esta es nuestra preocupación constante, el motor de nuestra acción. "Da mihi animas, cetera tolle - Dame almas y llévate lo demás" (San Francisco de Sales).

Desde hace décadas, el celo misionero se ha enfriado, por un lado, en razón de la pérdida de la fe principalmente a través de la libertad religiosa y del falso ecumenismo ("Iglesia Conciliar", ahora "Iglesia Sinodal"), y por otro lado en razón de la tibieza que engendra egoísmo y comodidad (que encontramos en la "Tradición"). El combate por la fe debe incluir la fuerza de la caridad. Recordemos el ejemplo del gran delegado apostólico:

"Me consagro solemnemente al apostolado en la congregación... me hago para siempre el siervo de las almas abandonadas" (Rev. Marcel François Lefebvre, 8 de septiembre de 1932, profesión simple).

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