Nuestra Señora «Dolorosa» del Buen Suceso

El prodigio de 1906
La Dolorosa del Colegio San Gabriel, Quito
La noche del 20 de abril de 1906, en el antiguo edificio del Colegio San Gabriel, de los padres jesuitas, en el centro de Quito, unos treinta y cinco alumnos internos terminaban de cenar en el comedor. Era tiempo de vacaciones. En la pared colgaba una lámina impresa de la Virgen de los Dolores, con el corazón traspasado por siete espadas.
Hacia las ocho de la noche, algunos niños que estaban cerca de la imagen, entre ellos Jaime Chávez y Carlos Hermann, vieron que la Virgen abría y cerraba lentamente los ojos. Avisaron a los padres jesuitas Andrés Roesch, prefecto, y Luis Alberdi, inspector, que también lo presenciaron. El hecho duró cerca de un cuarto de hora, y después todos fueron a la capilla a rezar el Rosario.
La investigación de la Iglesia
Al día siguiente la noticia corrió por Quito. La autoridad eclesiástica, el vicario capitular Mons. Ulpiano López, mandó cubrir el cuadro y prohibió que se hablara del hecho en la prensa o en el púlpito mientras se examinaba. Se tomaron declaraciones escritas y juradas a los alumnos, a los dos jesuitas y a los empleados. Profesores de física y de química de la Universidad Central, un fotógrafo y un pintor concluyeron que el fenómeno no se explicaba por la luz ni por la posición del cuadro, y un grupo de médicos descartó una ilusión de los sentidos. El 31 de mayo de 1906 la autoridad eclesiástica dio su dictamen:
El hecho, verificado en el colegio de los jesuitas, está comprobado como materialmente cierto. Por las circunstancias en que acaeció, no puede explicarse por causas naturales. Por los antecedentes y las consecuencias, no puede atribuirse a influjo diabólico.
El dictamen concluía que el hecho podía creerse con fe humana y que se podía dar a la imagen el culto permitido por la Iglesia y acudir a ella con especial confianza.
Una devoción que da fruto
En 1956, al cumplirse cincuenta años, la Dolorosa del Colegio fue coronada canónicamente por concesión del papa Pío XII, que dirigió a los ecuatorianos un radiomensaje:
Son lágrimas, pero lágrimas preciosas, que bien merecen, hijos amadísimos, vuestra gratitud más sincera.
Hoy la imagen se venera en la capilla del Colegio San Gabriel, y cada 20 de abril Quito celebra a la «Virgen de los estudiantes».
El testimonio
Un hecho confiado al Padre Miguel María

A mitad del año 2015, una madre fotografió a su hija de ocho años mientras hacía sus tareas, junto a una lámina de la Dolorosa colgada en la pared. Al subir la foto, la aplicación pidió etiquetar tres rostros, aunque a simple vista solo había dos: el de la niña y el de la Virgen.
En un laboratorio fotográfico ampliaron el pequeño recuadro señalado —de apenas unos bytes— y apareció el rostro de Nuestra Señora, marcado por un intenso dolor y por cinco cruces, que la familia relaciona con las cinco Llagas de Nuestro Señor.
Los tres testigos confiaron la difusión de esta imagen al Padre Miguel María, «para la mayor gloria de Dios, el triunfo de la Inmaculada —especialmente bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Suceso—, la restauración de la Santa Iglesia y la salvación de las almas» (17 de septiembre de 2026, fiesta de la Estigmatización de San Francisco).

En el documento completo se encuentran el relato de la familia, la comparación con la imagen del Buen Suceso y la descripción detallada del rostro.
La comparación


Los datos técnicos del documento



Fuentes consultadas: csgabriel.edu.ec · eluniverso.com · torreciudad.org (texto del dictamen) · vatican.va · primicias.ec (ubicación actual)