Crisis del sacerdocio

Crisis del sacerdocio

El sacerdote es el hombre del Sagrario, y por eso la lámpara apagada toca de cerca al sacerdocio. La Virgen anunció que el sacramento del Orden sería despreciado y perseguido, y que el demonio procuraría por todos los medios apartar a los sacerdotes del espíritu de su vocación. Algunos se descuidarían de sus deberes sagrados y se apegarían a los bienes de este mundo, y sus malos ejemplos harían que muchos miraran con desconfianza a todo el clero.

La Virgen explicó la gravedad de esta crisis:

Sabe aún que la Justicia Divina acostumbra descargar castigos terribles sobre naciones enteras, no tanto por los pecados del pueblo, cuanto por los de los sacerdotes y religiosos, porque estos últimos son llamados, por la perfección de su estado, a ser la sal de la Tierra, los maestros de la verdad y los pararrayos de la Ira Divina.

Nuestra Señora del Buen Suceso, según Mons. Luis E. Cadena y Almeida

Estas palabras muestran lo alto que es el sacerdocio: el sacerdote es sal, maestro y protector de su pueblo. Por eso su santidad importa tanto a todos.

Los sacerdotes fieles

La Virgen no habló solo de caídas. Prometió que en esos mismos tiempos habría santos ministros del altar y almas escondidas que trabajarían con valor y celo por la salvación de las almas. Los malos los perseguirían con calumnias y vejaciones, pero ellos permanecerían firmes como columnas, con espíritu de humildad y sacrificio, sostenidos por el amor del Sagrado Corazón de Jesús (aparición de 1634).

Esta profecía nos pide una respuesta concreta: rezar por los sacerdotes, especialmente por los de nuestra parroquia; ofrecer sacrificios por su santificación; respetarlos y agradecerles su ministerio; y pedir a Dios vocaciones santas. Un pueblo que reza por sus sacerdotes recibe sacerdotes santos.

Fuentes consultadas: fsspx.mx (Orden sacerdotal, sacerdotes fieles como columnas) · adelantelafe.com · revistasanmiguel.org · hogardelamadre.org · Cadena y Almeida, "Mensaje profético..." (Quito, 1989)

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