Ofrecimiento de vida
Oración de Ofrecimiento de Vida
Mi amable Jesús, delante de las Personas de la Santísima Trinidad, delante de Nuestra Madre del Cielo y toda la Corte celestial, ofrezco, según las intenciones de tu Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima, toda mi vida, todas mis santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos, uniéndolos a los méritos de tu Santísima Sangre y tu muerte de cruz: para adorar a la Gloriosa Santísima Trinidad, para ofrecerle reparación por nuestras ofensas, por la unión de nuestra santa Madre Iglesia, por nuestros sacerdotes, por las buenas vocaciones sacerdotales y por todas las almas hasta el fin del mundo.
Recibe, Jesús mío, mi ofrecimiento de vida y concédeme gracia para perseverar en él fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.
Basta hacerlo una vez, con todo el corazón; es bueno renovarlo de tiempo en tiempo, sobre todo en las horas de prueba.
Las cinco promesas
de la Santísima Virgen para quienes hacen el Ofrecimiento de Vida
- Sus nombres estarán inscritos en el Corazón de Jesús, ardiente de amor, y en el Corazón Inmaculado de la Virgen María.
- Por su ofrecimiento de vida, unido a los méritos de Jesús, salvarán a muchas almas de la condenación. El mérito de sus sacrificios beneficiará a las almas hasta el fin del mundo.
- Nadie de entre los miembros de su familia se condenará, aunque por las apariencias externas así parezca, porque antes de que el alma abandone el cuerpo, recibirá en lo profundo de su alma la gracia del perfecto arrepentimiento.
- En el día de su ofrecimiento, los miembros de su familia que estuvieran en el purgatorio saldrán de ahí.
- En la hora de su muerte estaré a su lado y llevaré sus almas, sin pasar por el purgatorio, a la presencia de la Gloriosa Santísima Trinidad, donde, en la casa hecha por el Señor, se alegrarán eternamente junto conmigo.
¿Qué es el Ofrecimiento de Vida?
Es la entrega total de la propia vida a Dios, por manos de la Santísima Virgen, unida al Sacrificio de Cristo, para la salvación de las almas, la unidad de la Iglesia y la santificación de los sacerdotes. Lo transmitió Sor Natalia Magdolna (1901-1992), religiosa húngara de las Hermanas del Buen Pastor de Santa María Magdalena, en Kecskemét, que durante el Año Santo Mariano de 1983-1984 recibió estas palabras de la Virgen:
Mi santo Hijo realizó la obra de la Redención. Su sacrificio reparador era pleno, pero de él dejó a ustedes también una pequeña participación, en cuanto que elige y llama a algunas almas a ofrecer, en unión íntima con Él, el sacrificio de su vida.
No se trata de pedir sufrimientos, sino de aceptar con amor los que Dios permite y ofrecerlos. Por eso es un tesoro para los enfermos, los ancianos y los que están postrados en cama: su dolor, ofrecido, se convierte en apostolado.
Den a conocer, hijos míos, las grandes gracias que aporta el ofrecer la vida por amor: a quienes sufren mucho en cuerpo y alma, a los enfermos incurables, a los que están impedidos de moverse, a los que yacen postrados en el lecho. Anúncienles que no sufren en vano.
Si alguien, hija mía, no hace sino una sola vez el ofrecimiento de vida —una sola vez, en un momento de gracia se encendió en su corazón el fuego de amor heroico—, ¡con esto selló toda su vida! Su vida, aunque no piense conscientemente en ello, es ya propiedad de ambos Sagrados Corazones.
Oración de los enfermos
recomendada por la Santísima Virgen
Jesús mío, sé que Tú me amas. Aquel a quien Tú amas está enfermo. Si es posible, pase de mí este cáliz de sufrimiento. Pero añado yo también aquello que Tú dijiste en el huerto de Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».
Fortaléceme y consuélame, Jesús mío. Madre nuestra, Virgen Santísima, Tú que curas a los enfermos, ruega por mí ante tu Santo Hijo. Amén.
¿Hay un enfermo o un difunto por quien quieras que se rece? El Padre lo encomienda en la Santa Misa.