Nuestra Misión

Nuestra Misión

Ejercicio de nuestra misión

No es la misión de un hombre: es la Misión de la Inmaculada, de restauración de la Tradición franciscana. Su signo es la T de Tradición: el Tau, la cruz con la que San Francisco bendecía y firmaba.

Somos ermitaños mendigos, orantes en la noche y misioneros a plena luz del día. A ejemplo de San Francisco de Asís y su estirpe seráfica, queremos vivir en caridad activa derivada de la contemplación adorante. Toda la vida se resume en la verdadera imitación de Jesucristo: subir la montaña a orar y luego bajar de nuevo para ayudar y guiar as los hombres para ir al Cielo (vida religiosa mixta).

Deseamos ser pobres con los pobres y realizar obras exteriores movidas por la misericordia. Las obras de caridad son producto del desbordamiento de la vida interior y divina.

En continuidad con la multisecular práctica católica, queremos ser auténticamente ermitaños misioneros por amor a Dios y por la salvación del mundo. La vida religiosa mixta tal como fue practicada por Nuestro divino Maestro y sus discípulos.

El Cuerpo místico de Cristo en el cuál está la Comunión de los santos, es para nosotros el objeto fascinante de nuestra actividad.

Queremos defender y reparaar frente esta trágica auto-demolición en curso que presenciamos.

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